Las micotoxinas son un problema menos visible que una bacteria o un virus, pero con un impacto enorme en la salud pública y la seguridad alimentaria. Producidas por ciertos hongos, pueden contaminar granos, frutas secas, especias y otros alimentos que llegan a nuestra mesa.
La OMS y la FAO trabajan en conjunto para evaluar los riesgos que estas sustancias representan para los seres humanos. A través del Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), se analizan todos los estudios científicos disponibles para establecer:
- Ingestas diarias tolerables
- Niveles máximos permitidos en alimentos
- Medidas de prevención y control
El Codex Alimentarius y los gobiernos utilizan estas evaluaciones para fijar límites que son extremadamente bajos, debido a la gran toxicidad de las micotoxinas. La regla es clara: la exposición debe mantenerse lo más baja posible.
Pero el impacto no se queda solo en la salud: las micotoxinas también afectan la seguridad alimentaria y la nutrición, al reducir el acceso a alimentos seguros y de calidad. En otras palabras, este no es solo un desafío científico o regulatorio, sino también un tema de bienestar social y económico.
Para la industria, estar al día en las regulaciones, controles analíticos y buenas prácticas es clave no solo para cumplir la normativa, sino también para proteger la salud de los consumidores y garantizar la confianza en los alimentos que producimos.
¿Tu empresa ya está trabajando en estrategias de prevención y control de micotoxinas?
